Quien padece el síndrome del impostor, teme que los demás descubran que no es suficiente, que no es capaz y convive con un inquisidor interior que le recuerda constantemente que no está a la altura.
Esta dolencia, como no, también tiene una etiqueta: se ha denominado «el síndrome del impostor”. Las personas que lo padecen tienen un denominador común, todas suelen afrontar la dificultad pese a tener esa sensación de incapacidad , es decir, aunque no se sienten suficientemente capaces o pese a haber descubierto que no se podían fiar de sí mismas, afrontan evitando bloquearse.
El síndrome del impostor afecta a un 30% de la población y se da en personas muy exitosas, muchas de ellas famosas: Sotomayor, Kate Winslet, Tina Fey se han sentido víctimas del auto boicot.
La persona que sufre el síndrome del impostor, se siente como un jugador de póquer tiene una mala mano y finge tener buenas cartas para ganar la partida.
Podemos clasificar cuatro grandes tipos de síndrome del impostor.
Para ser adecuado tiene que ser perfecto. No se concede el error.
Debe ser el profesional perfecto, la madre /el padre perfectos, etc... Sabemos que la perfección es enemiga de la excelencia.
Solo puede sentirse capaz si le confirman la capacidad desde fuera. Necesita el feedback continuamente para sentirse seguro. Cuanta más aprobación menos seguridad.
Solo puede sentirse capaz si lo sabe todo, no pasa a la acción porque no se siente seguro, siempre falta un curso, un libro, un máster para empezar a poner en práctica. Se confunde saber con competencia.
Busca reaseguración de los otros. No es capaz de hacer por si mismo. Cuanta más reaseguración busca, menos seguro se siente.
Lo que genera y mantiene el problema es, una vez más, lo que intentamos hacer para solucionarlo.
El síndrome del impostor aparece de manera paradógica cuando intentamos huir del inquisidor interior.
Hay que pensar que donde no hay victoria, hay renuncia y renunciar es la mejor manera de incapacitarnos.
Para ganar hay que aprender primero a perder: afrontar el fracaso como una variable más que forma parte del proceso y que no depende únicamente de uno mismo, ayuda a salir de la sensación de arenas movedizas que aterra, ya que te lleva a pensar que si inicio cualquier mínimo movimiento, me hundo.
Pese a la sensación, podemos salir de ese autoboicot actuando como si fuéramos capaces de hacer.
Para superar el sindrome del impostor te propongo dos tareas:
01
Escribe lo que te dice el inquisidor interior.
Para poder violar ese límite auto impuesto, a veces resulta útil darle un espacio específico a esta voz interior que nos limita, sin intentar contestarla, ya que intentar contestar a ese inquisidor interior con argumentos racionales no funciona.
02
Actuar poniendo el foco en el objetivo.
Retar al inquisidor interior con la acción aun sintiéndonos unos impostores, ayuda a superar el bloqueo que sólo sirve para demostrar nuestra incapacidad.
Síndrome del impostor
Te guío a superar tus propios límites, dándote pautas con Terapia Breve Estratégica.
Acerca de mi
Soy Maribel de Maya, Psicóloga Clínica y mi vocación es ayudar y acompañar a personas, organizaciones o grupos a generar o recuperar y mantener el bienestar con el modelo de la Terapia Breve Estratégica
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