Practica el EGOÍSMO sano

Practica el EGOÍSMO sano

En nuestra cultura el egoísmo siempre tiene una connotación negativa. Ser egoísta quiere decir pensar tan solo en uno mismo. Desde pequeños nos inculcan que debemos compartir con los demás, pero cuando uno se olvida de sí mismo para complacer o atender al otro, la relación se desequilibra generando culpa, frustración, insatisfacción, etc…¿ Existe pues una manera de egoísmo sano?


Photo by  Logan Isbell  on  Unsplash

Photo by Logan Isbell on Unsplash


Del sacrificio a la victimización

 Cuando hacemos algo por otro ( pareja, hijos, compañeros de trabajo, jefes o por tu vecino) sin que te lo haya pedido y luego le reclamas su gratitud, le haces sentir doblemente culpable: por un lado por haberte obligado a hacer algo que les correspondía a ellos y por el otro por haberse mostrado en modo descortés ante tanta amabilidad por tu parte. 


“La suprema felicidad de la vida es saber que eres amado por ti mismo o, más exactamente, a pesar de ti mismo.

Victor Hugo –

— MM


Cuando das sin límite sintiendo que no estás atendiendo a tus propias necesidades o cuando actúas sacrificándote y no obtienes la gratitud esperada del otro, te vuelves víctima y verdugo a la vez. Las personas que se sacrifican sin límite esperando la atención de los otros no sólo se sienten mal por sentirse agotadas, sino que además suelen comportarse como víctimas provocando todo lo que temen: el rechazo por parte de las personas por las que se están sacrificando. -”Nadie me agradece el esfuerzo…”

El egoísmo insano y la culpa

 Este “altruismo insano” deja el otro en situación de deuda no solicitada. La comunicación que genera culpa puede adquirir muchos otros formatos: -”Todo lo tengo que hacer yo”, – “Aquí, nadie se encarga de nada”,  o la más cruel… la reprobación: -”Si, está bien  has intentado doblar la ropa, pero lo podrías haber hecho mejor, esto se hace así…”, con la cual consigues no solo hacer sentir al otro que no está a la altura, sino que también le haces sentir que nunca llegará a ser suficiente.

A su vez cuando no eres capaz de anteponer sus necesidades a las de los demás puedes sentir frustración por no tener espacio para ti y culpa cuando quisieres decir “no” pero no lo consigues. Lo peor es la sensación de agotamiento que generan el no cuidar de uno mismo y la gestión emocional de todo lo que esto produce.


“El egoísmo sano consiste en respetar las propias necesidades y sentimientos aunque los demás no lo hagan. Sobre todo si los demás no lo hacen.

-Richard y Rachael Heller

— MM


Cómo conseguir establecer  límites sanos

Para establecer una relación sana con nosotros mismos y equilibrada con las personas que nos rodean  debemos empezar a practicar el egoísmo sano. Para poder atender a los otros debemos evitar agotarnos, para poder estar en las mejores condiciones, os animo a practicar el egoísmo sano con estos cuatro tips:

1.- Lo gratis no se valora

¿Qué prefieres tú, comer en un buffet libre, en dónde encuentras mucha cantidad pero poca calidad; o en un menú degustación, en dónde encuentras deliciosos manjares cocinados, preparados y servidos con la máxima exquisitez, pero en pequeñas cantidades?.

Dar sin límite es valorarse muy poco. Cuando decides a qué personas, qué cosas, cuándo y cómo puedes estar solícito, tu voluntad de ayudar, atender o complacer cobra valor.

2.-Evita generar expectativas

Haz lo que te nazca sin esperar nada a cambio.


“Esperar que los otros te traten como tú lo harías es como esperar que un tigre no te debore por el hecho de ser vegetariano.

-Bruce Lee

— MM


3.-Aprende a decir “ no “

Decir siempre “si” a los demás, es decirse “no” a uno mismo.

Si no te sientes dispuesto, prueba a decir: “me encantaría, pero no puedo”; por ejemplo: “-Me gustaría quedarme con tu perro durante las vacaciones, pero me viene muy mal”, “-Me gustaría redactar el informe pero tengo cosas que hacer”, “-Entiendo que quieras que te preste mi coche, pero lo necesito hoy”.

4.-Consiéntete

Para poder dar lo mejor, te debes consentir.

Reserva un espacio en tu día para el placer. Si no consigues planificarlo, vive tu día, párate al mediodía y revisa si durante la mañana ha sucedido algo espontáneamente. En caso contrario, crea de manera voluntaria la sensación, concediéndote un pequeñísimo capricho.

¡Cuéntame cómo te va con esto!

CONTACTA

Maribel de Maya.

Psicóloga General Sanitaria col. núm. 21.754.

Psicoterapeuta Oficial del Centro de Terapia Estratégica

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