¿Buena suerte o mala suerte…?

¿Buena suerte o mala suerte…?

Cuando confiamos más en nuestra suerte que en nuestros recursos para construir nuestro presente, estamos poniendo la responsabilidad de lo que conseguimos en factores externos sobre los cuales no podemos intervenir.

Intentamos controlar nuestro destino tomando las doce uvas en nochevieja para tener un buen año, nos levantamos con el pie derecho para que el día nos vaya bien o utilizamos siempre el mismo jersey para hacer exámenes, ponemos en marcha pequeñas supersticiones con el objetivo de propiciar la buena ventura o protegernos ante la fatalidad.

El problema se presenta cuando estas supersticiones se vuelven rituales ocupando la mayor parte del día o se multiplican, o se vuelven tan rígidas que nos impiden vivir la vida de manera funcional.

Entonces la lógica de protección que tenía el ritual se vuelve en nuestra contra, nos impide vivir con normalidad nuestro día y conseguir nuestros propósitos atrapándonos en un control que nos hace perder el control y que cada vez nos genera más inseguridad. De lo lógico llegamos por exceso a lo ilógico.

“ La rigidez puede convertir lo que es correcto, lógico y beneficioso en una condena

Si somos capaces de responsabilizarnos de la buena o mala suerte (en la medida de lo posible y teniendo en cuenta que no todo puede estar bajo nuestro control), tomamos el papel protagonista en el afrontamiento de las dificultades de la vida y podemos sentir que retomamos las riendas, tomando decisiones que nos llevan a nuestros objetivos y dándonos la oportunidad de interpretar lo que nos pasa desde una lógica más flexible.

“Todos somos capaces de complicar las cosas, solo algunos son capaces de simplificarlas

— Nietzsche

Todo esto me recuerda el cuento de la suerte del labrador, que explica la historia de un sabio anciano que lejos de buscar con supersticiones la buena suerte, vive teniendo la elección de ser el protagonista o la víctima de las circunstancias de su propia vida, y dice así:

Érase una vez un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Los vecinos del anciano labrador se acercaron a su granja para condolerse con él, y lamentar su desgracia, y le decían: ¡Qué mala suerte que tu único caballo se ha escapado! A lo que el sabio anciano les replicó: ¿Mala suerte o buena suerte, ¿quién sabe?

Unos días más tarde, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes, tantos que casi no cabían en la granja. Entonces los vecinos acudieron a felicitar al labrador diciéndole: ¡Qué buena suerte que tu caballo regresó y además trajo consigo un montón más! A lo que este les respondió: ¿Buena suerte o mala suerte, ¿quién sabe?

Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, este lo tiró al suelo y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia, por lo que fueron de nuevo a decirle al anciano: ¡Qué mala suerte, que tu hijo se ha roto la pierna! A lo que el viejo labrador se limitó a decir: ¿Mala suerte o buena suerte, ¿quién sabe?

Una semana más tarde, el país entró en guerra y fueron reclutados todos los jóvenes varones que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota obviamente lo dejaron tranquilo y se libró de ir a la guerra. ¿Fue eso buena suerte?, ¿O fue mala suerte?… ¿¡Quién sabe!?

Anthony de Mello.

Entonces ¿Qué te parece si en vez de intentar de controlar tu vida con supersticiones y dejar que la vida pase, tomas tus propias decisiones, coges tu vida con fuerza y diriges tu propio rumbo?

Maribel de Maya

Psicóloga General sanitaria. Col. núm. 21.754

Psicoterapeuta Oficial del Centro de Terapia Estratégica

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